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¿Que qué voy a hacer ahora? "¡Te
dejo! Eso es lo que voy a hacer ahora", dice Ismenia. "Sí,
Reinaldo José Rosales, por fin te dejo. De aquí salgo corriendo con
los carajitos, mis carajitos. Es que ya no puedo más, ¿me entiendes?"
Aguanta los labios por unos instantes y escupe un insulto que le vacía
los pulmones: "¡¡¡Desgraciado!!!" "Ya no me importa. Es más, ¿sabes qué? Te puedes ir de una vez con la zorra ésa para ver si ella te consuela, hijo de tu madre." Las lágrimas empiezan a correr. Ya no escucha nada, está aislada del mundo externo. Todavía no puede creer lo que está haciendo. Nunca hubiese pensado en liberarse de Reinaldo, pero este es el momento, es la oportunidad que le han enviado los ángeles. Podía haberse quedado callada, irse sin decir nada. Total, el borracho ese no se hubiese dado cuenta de su ausencia en varios días. "¡Abusador!" Con estos insultos se está vengando; Ismenia sabe que después de esto él no podrá caminar más por el barrio con su pecho de gallito inflado, no señor. "¡Borracho! Reinaldo José Rosales: eres un inútil." De tanto gritar ya se siente más determinada. Está eufórica, está feliz. Todo el temor y el vacío que había imaginado sentir resultaron ser falsas suposiciones. Al contrario, se siente fuerte, casi poderosa, sin miedos ni remordimientos. Es más fácil de lo que pensaba. "Te dejo, desgraciado", repite en voz baja alargando las eses como una serpiente. Ya lo ha dicho todo. No hay vuelta atrás; están al aire, en vivo. Ismenia estira el brazo hacia la cámara y agita el cheque de la lotería que acaba de recibir. Todos en el estudio están paralizados. El presentador, siempre tan resuelto y suspicaz, esta vez se ha quedado sin palabras. Simplemente no está preparado para manejar esta reacción. No sabe qué hacer con una respuesta tan real para una pregunta tan rutinaria. Se supone que esto es la televisión, piensa el joven. Ismenia le ha recordado a su prima, a su hermana, a su propia madre y a tantas otras mujeres que hubiesen salido corriendo con un cheque de veinte millones. En master se preocupan por el rating e informan al presentador que cortarán para comerciales. Ismenia se guarda el cheque en el sostén y no para de llorar, "¿que el dinero no da la felicidad?" Maranta Rubiera Enviar un comentario sobre este cuento |
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