Discurso de apertura


La parafernalia inicial, con sus oropeles y birretes, concentró a los asistentes en el grandioso Salón de Actos.

En el comienzo de un nuevo Año Académico, nuestra Universidad se complace en invitar para la Lección Inaugural al admirado Profesor Picatoste del Corral. Gran conocedor del entramado universitario, autor de insignes proyectos, al que sin más dilación cedemos la palabra.

Trás los saludos y agradecimientos de rigor, se deslizan sus frases concienzudas, pronunciadas con enérgica solemnidad:

–Queridos compañeros y amigos, permitidme los comentarios como uno más de entre vosotros.

–En este ámbito resulta básico interrogarse sobre el contenido de la docencia.

–¿Deben mantenerse las enseñanzas obligatorias?

–Somos transmisores de los grandes saberes.

–Estamos en unos momentos de cambio, necesitamos el cambio.

Así iba desgranándose el talante profesoral, con otras frases ampulosas, con poco arbolado o trama universitaria, pero con más de un trino innecesario.

No es preciso pormenorizar, el resto de la charla no planteó grandes variaciones a lo referido.

Hasta que, ya avanzada la exposición, el atril se convierte en el centro de todas las atenciones, ¡algún cambio detectamos!

El habla del notable profesor se debilita en cada nueva sílaba, sus facciones empalidecían. Su energía inicial desaparecía de forma alarmante. Extenuado y pálido, apagado, culminó así el reflejo albo de un contenido universitario modernista.

Rafael Pérez Ortolá

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