El agujero del diablo

En medio de la noche, con el inclemente frió de sus estómagos como única compañía, dos elementos que viven para burlar su destino, corren las últimas millas sin saber que no se alejan de su muerte si no que por el contrario corren hacia ella. En busca de la salvación toman la ruta sin retorno, la ruta del olvido, que atrapará sus almas y los dejará sin nada. En la entrada al infierno no se sabe lo que les espera.

Envueltos en la ignorancia entran calmos y serenos, a diferencia de los otros que gritaban por el conocimiento de su destino. En silencio permanecían en la entrada pensando, “este lugar nos salvó”, pobres ilusos, las voces que afuera se oyen, muestran desaliento y decepción. La frágil puerta de madera les deja ver esos ojos que los buscan en la oscuridad, pero el corazón acelerado no les permite preguntarse “¿por qué no nos ven?”, sólo les preocupa escapar, no hay tiempo para respuestas. Continúan caminando diciéndose a sí mismos “al final de la luz debe haber una salida”. Pero la luz se apaga y el silencio los acosa. Otra luz desternillante les da la bienvenida…

... la bienvenida a su muerte, salvados de unos para morir por otros. La desesperación es su guía y en tan sólo segundos se separan. Tratando de encontrarse comienza uno de ellos a tocar huellas que han dejado otros con sus uñas. ¿Cuántos murieron en este lugar?, en este sitio irreal, que solo existe en la mente de un psicópata. Los gritos de su compañero lo llenan de angustia. Entre el deslumbrar y apagar de la luz puede ver como lo despedazan de adentro hacia fuera estando aún con vida. El horror de la imagen lo hace correr pero es inútil. Corre, corre por su vida. Dónde entrar, dónde esconderse, si todo es igual, a dónde ir si parecen estar en todas partes. Unas manos frías y pegajosas lo sujetan mostrándole sus uñas enormes, lo hieren y escapar no puede, lo derriban sin permitirle moverse, le muestran los dientes pavorosos y filosos anunciándole la muerte.

Todo ha terminado un poco mas allá de la entrada al túnel conocido por algunos como el agujero del diablo.

Heidi Montesinos

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