Los buscados

Me dijeron que encontraría a Joaquín en el taller del fondo y que le hablara fuerte, porque estaba trabajando. No me detuve ni un momento en los corredores de aquella casa. De alguna manera, el golpeteo del martillo, el Joaquín trabajado, me llenaron de espanto. ¿Cuántos años sin levantarse de la cama?, debería saberlo. Tal vez la señora de la puerta hubiera remendado mi negligencia. Pero no, como dije, no me detuve ni un momento en aquellos corredores.

Cruzando la galería (la sombra de la galería) el laborioso golpeteo se detuvo. Hubo un sólido silencio, como el que hay en las montañas, luego se oyó el áspero ir y venir de un serrucho. Me sentí contrariado. Supuse que Joaquín había pasado tardes interminables contemplando aquel patio, alguna de las ventanas tenía que ser de su habitación. Ahora, en el galpón del fondo, tal vez ni recuerda aquel padecimiento. El futuro, esto Joaquín no podría pensarlo, vuelve mentira las cosas. Tanto tiempo había pasado desde que lo curaron, tanto tiempo sin escribirle. Tenía motivos para estar enojado. La luz del galpón apareció de repente.

Sin detenerse a mitad del corte, Joaquín me dijo que pasara. Estaba en su silla, con una manta sobre las piernas. Había algo encendido en el galpón, creo que un calentador a gas. Había olor a gas. Me quité la gorra y con amabilidad le pedí permiso para sentarme. Ahí nomás, le conté acerca de la carta y de la enfermedad de nuestro padre.

Nicolás Minelli-Elvira

Regresar Arriba
Inicio | Texto Sentido | Textos | Reseņas | Blogs

Entrevistas | Talleres | Noticias | Clasificados | E-mail | Arte en la Red