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III
“Diariamente converso en privado con mi esqueleto,

y eso jamás me lo perdonará mi carne”

E.M. Cioran 
Este es un hombre que sufre de una lucha interna, Su esqueleto odia
a muerte a su carne y hace todo lo posible por disminuirla. Su obsesión
es salir a la superficie, librarse de todo peso blando e inútil
y dejar que los huesos luzcan su blancura de calcio bajo el sol.
La carne, en cambio, se afana en aumentar su volumen, rodeando al
enemigo, sofocándolo y hundiéndolo en el más
profundo anonimato.
El pobre hombre es un campo de batalla. Oscila entre una obesidad
desbordante y un raquitismo francamente extremo. Llega el día
en que ya no puede más y muere de un ataque al corazón,
agobiado por el sobrepeso fatal de uno de sus días más
robustos.
La carne no cabe en sí de alegría. Ha triunfado sobre
el esqueleto. Se diría que está apunto de estallar y
se burla de los huesos haciendo como si los buscase.
El esqueleto, fiel a su carácter austero, se mantiene impasible.
Sabe que el triunfo de la carne es superficial y, por ende, pasajero.
Él, todo huesos, esperará con paciencia a que llegue
su turno. Sabe que su victoria sí que será duradera.
María
Gabriela Lovera
Tomado de “Breves episodios neuróticos”, perteneciente
a la antología
Puro Cuento, Taller editorial El Pez Soluble, 2002
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