Movimientos seculares

Orilla insaciable
Ocurría invariablemente, como siempre, desde tiempo inmemorable sin que Poseidón pudiera hacer nada por evitarlo. Ella, la orilla oceánica, con el alma rebozada de arena encendida y sudorosa, culminaba humedecida por la espuma serena de su eterno amante, el antiguo mar. No existe coito más ancho y más ruidoso.


Cordonazo arrepentido
Dicen que apareció una noche de octubre prendido en fiebre. Dicen que deliraba incoherencias con aliento a caña blanca, llamaba a la luna y le prometía amarla. Por ropa sólo llevaba un grueso cordón atado a su cintura. Dicen que la fiebre se alejó y llegaron los lamentos. Perdóname Clara, se le escuchó decir, por mi culpa ya no serás madre. Y de aquél cordón se desprendió un fuerte aguacero.


Vieja costumbre
Se desintegró en la infinita sombra de Otelo buscando ser olvidado de sí mismo, después de hundir el puñal y comprobar desolado que sólo había un cuerpo, cuando estaba seguro, de que encontraría dos entrelazados.


Cerco de Caín
Una crónica infernal da cuenta de un episodio constante que se repite en el segundo círculo dantesco, a donde van los condenados que cometieron pecado de amor. Centenares de figuras, agolpadas unas tras otras, congestionan la entrada al lugar donde el cerco de Caín gime violento, a la espera del instante sublime de repetir la historia de Paolo y Francesca.


Caricia de Caronte
Con el pulso quieto, la mirada detenida y el lejano roce de un lloriqueo, se vistió de velo. Ligera y precisa, sin brazos ni piernas y un óbolo que la identificaba, decidió unirse a otra estampida. Toda ella no abarcaba más. En el horizonte sólo la esperaba el infinito.


Lamento de Lillith en noche de Walpurgis
Qué he de hacer conmigo a solas si en el letargo de una santa se han vaciado las miradas. Quién me agota de visiones cálidas y como ilota me deja en carne descompuesta, que ya muerden los gusanos. Esperaré paciente a que al día se le olvide el alba para volver a ser la concubina fogosa de este mundo disperso.


Río en Luna menor
Él una vez más le prometía amarla más allá de su reflejo. Ella con su delgada figura de medio cuerpo, una vez más se despojaba con desgano de su sombra y dejaba que su luz lo penetrara.


Némesis Suplicante
Está de pie sobre mi espalda. Cautelosa se lanza en vilo para beber toda mi médula. Alguna vez ella desliza por mi cuello y allí transpira ansiosa y punzante sobre el latido de mis venas. Lanza mi mente hacia la orilla donde se incuban mis recuerdos. A dónde iré sin que me invoques antiestética razón de cielo raso. Pero si sigues ahí, lamiendo el calcio de mis huesos, entonces sígueme tú por yo me voy a las bodas del diablo.


Dilaciones
Entreabierta la ventana, sale el humo acuoso y acompasado de aquello que insita al pensamiento. Para detenerlo es preciso bostezar. Que no se escape ninguna huella de imagen clara. Que no se esconda en el hollín que delata en cada susurro sus quejas. Detengan esas llamas en la esperma que presagia fluidos infecciosos de epistemas que me acosan. Que sólo pueda respirar el influjo de una énula bajo el ciego aroma de escrituras disueltas. Duerme en paz neurona delirante que amanece y llegó la noche buena.

Elena López Meneses

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