Miedo a la noche

Vuelve la misma pesadilla. Tú dirás: “Ya me lo has contado antes”. Y es verdad. Se ha repetido, cambiando algunos aspectos pero en definitiva se traduce al miedo a perderte.

Es un sueño triste. Me despierto angustiada con ganas de verte, de sentir que estás a mi lado. A las pocas horas lo habré olvidado y sólo sabré que se trataba de ti y que yo te perdía pero no recordaré los detalles.

Te cuento entonces sobre el sueño y te digo: “Quisiera estar muy lejos, muy lejos. Donde nadie nos conociese. Donde no se fijarán en nosotros.” Tú contestas que no eres de hierro, que tú también lo deseas. Pero nada ocurre. Es imposible. Y es imposible a
pesar de tu cariño, como pocos. Es imposible a pesar de mis problemas, de mi tristeza, de mis demandas.

Repites que algún día se podrá huir al lugar deseado y que algún día entenderé. Y yo te insisto: “¿Pero acaso no será demasiado tarde? El tiempo, más veces enemigo que aliado, parece ir en mi contra."

Por eso he llegado a sentir miedo a la noche. La noche que te trae a mí, también te aleja. La noche solitaria para unos. La noche encubridora, la noche que protege a los enamorados. La noche en que uno no teme ser quien es.

Las horas que me corresponden en la noche, por las que vivo los días, son las mismas que me asustan y me recuerdan con toda su crudeza quién soy yo.

Mari Jimeno

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