![]() ![]() |
|||||
|
La pasión
según San Mateo... El abuelo seguía mal, estaba muy mal, en el hospital aquel, y a él le tocó cuidarlo, en contra de su voluntad, porque apenas tenia 17, adolescente, dolor prematuro, pero tuvo que hacerlo, era su abuelo, el de Sinamaica o Paraguaipoa, no recuerdo en realidad, pero era él, el abuelo, el de los cuentos, el que le decía “llave” a todo el que acariciara su oído con frases agradables, sobre todo a sus nietos... y comenzó a llamar a Chea, que era la abuela, pasó toda la noche quejándose del dolor que un cáncer le producía, por maldición o bendición, no sé, pero lo mataba el dolor... pero ahí estaba él, su nieto, el pájaro bravo, el que no sentía dolor, el fuerte...sosteniendo su quijada luego de que la enfermera de aquel hospital le dijera que hasta esa noche duraba “la llave”, su abuelo...el que le estuvo haciendo toda la noche recordatorios de su pasado, de su abuela, de los hijos mientras crecían, aquellos cuentos que siempre tienen los abuelos, aquellos que se van cuando no deben hacerlo, cuando más falta nos hacen... Y la tía lloraba, y todos lloraban, pero él no podía, era el hombrecito, el macho, como se lo había enseñado su padre... él quería, pero no podía... hasta que llegó Chea, la abuela, y las ultimas palabras del abuelo fueron “te quiero”, dio su antepenúltimo suspiro y llegó Isabel, llorosa como los demás, y bajaron los palpitos del corazón del abuelo, e Isabel lloró, era su padre, el mejor del mundo, el que la enseñó a llorar, a reír, a cantar... y después Cheito, y el abuelo se fue...estaban todos sus hijos, los esperó como siempre, como un padre espera a sus hijos, pero él seguía allí, sosteniendo la quijada del abuelo... el abuelo que se fue, dejando lección de vida, lección de muerte... Mientras tanto, afuera llueve, y no he traído mi paraguas... el cielo llora y él también... se fue el abuelo y él solo tiene 17... Y junto a su madre, salió a la lluvia, y las lágrimas del cielo caía sobre ellos...los dos...madre e hijo que se amaban gracias a ese destino que está, que va y viene, y no desaparece, que duele, que te arranca lo que mas quiere o que te da lo que no esperas...pero ahí estaban los dos... y la función debe continuar, ¿qué función?, ¿la de la vida o la de la muerte?... y dijo alguien... la que sea... la función.... la de la obra... esa que estuvieron ensayando y esperaba por los actores, de la vida, de la muerte del abuelo, en el teatro de Isabel, o de ellos, pero los esperaba... y tuvieron que actuar, y era la presentación, aquella de “La pasión según San Mateo”, que él nunca olvidó, por el abuelo, por su vida, por su muerte, por lo que sea, y las flores caían sobre el ataúd mientras unos negros de mierda, sin sentimientos y cansados de bajar muertos en el cementerio, bajaban la urna del abuelo, con aquellas caras tan frías, tan distantes de todo el peo, de todo el llanto, de toda la angustia porque se estaba yendo el esposo de Chea, de la abuelita de los cuentos... Pero decía Mateo... “Entonces dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera seguirme que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará”. Y eso fue lo que él hizo, su vida, la dio... y ellos no lo sabían hasta este momento... señal de Dios... Y a partir de entonces, el adolescente de 17, que no había sido bautizado por creencias de sus padres, los artistas, creadores de hijos “cuasindependientes”, decidió ser católico, se bautizó, comulgó y fue ungido con las cenizas de la confirmación... por Mateo, el abuelo, o por el accidente aquel que me contó, del cual se salvó de milagro... |
|||||
| Inicio
| Texto Sentido | Textos
|
Reseņas
| Entrevistas | Talleres | Noticias | Clasificados | E-mail | Arte en la Red |
|||||