Minicuentos

COINCIDENCIA

Un hombre paseaba a la luz de la luna con la esperanza de encontrar a una muchacha. La señorita del hotel recorría el piso helado de un muelle a la espera de encontrar un marinero. Los transeúntes de la costanera esperaban un momento de encuentro para encender un cigarrillo. Los peces del río, en denso e interminable cardumen, nadaban corriente arriba como queriendo encontrar sus orígenes. Mientras tanto, unas gaviotas revoloteaban sobre los
peces disputándoles el espacio intentando arrebatarles algún pedazo de existencia. La existencia misma rondaba por todos los rincones como negándole paso a la muerte. Sin embargo, en ese mismo instante y en pleno océano, un barco nuevo, todavía con olor a pintura fresca, se hundía con ciento ochenta pasajeros.


LA MUERTE DE VÍCTOR HUGO

Víctor Hugo Hernández era tan insignificante y pasaba siempre tan inadvertido, que cuando dieron la noticia de su muerte, todos en el pueblo se sorprendieron. Lo creían muerto hacía ya muchos años.


LA LEY DE TALIÓN

No sabría explicarle a usted por qué, pero desde que me desperté esta mañana, ya sabía yo que algo no funcionaba. Era como si algún cuadro estuviera torcido o faltara algún ingrediente en la sopa. Salí a la calle y caminé unas cuantas cuadras. Algunas mujeres que venían del mercado me miraron con estupor. Más allá, un grupo de abuelitas que hacían gimnasia en el Parque Municipal pararon sus ejercicios para increparme. Frente al edificio donde yo tenía mi estudio, una agente de policía me pidió la documentación y me puso las esposas. La seguí hasta la Comisaría y le juro, señora jueza, que soy inocente. Que yo no conocía la nueva ley, no sabía que los hombres ya no podíamos salir a la calle sin velo.


UN SER ALADO

Eulalia perdió ambos brazos en un desgraciado accidente carretero. De los muñones le brotaron esas alas tan pesadas que apenas le sirven para atravesar el río y para ir diariamente a su trabajo.


EL PREMIO

Parecía predestinada. Nació aquí mismo, en este burdel de La Perica y entre todas le pusimos el nombre: Magdalena.
¿Quién iba a imaginar que ahora le darían ese premio por escribir y contar nuestra historia?.


LA LEY DE LA SELVA

Un soldado de Lope de Aguirre ve sorpresivamente un yacaré muy blanco y joven que promete tener carnes muy tiernas y le dispara certeramente un tiro en la cabeza. Con su daga le abre el vientre y ahí encuentra una culebra todavía viva, de unos tres pies de largo. Al verla agitarse, y temiendo que fuera venenosa, no vacila en darle muerte. Luego indaga también su interior y descubre un enorme sapo verde, medio aletargado. El batracio corre igual suerte y al abrirle el vientre aparece un oscuro coleóptero que todavía mueve sus delgadas patas como queriendo escapar del encierro. En seguida le quiebra el caparazón y desubre en su interior unos cuantos mosquitos medio moribundos. En cuanto se sienten libres, los insectos penetran por la boca y las fosas nasales del soldado; en pocos minutos lo sofocan, lo atormentan, le provocan la muerte. A Lope de Aguirre le parece muy natural que uno más de sus acompañantes se quede sin vida por esos selváticos senderos. Total, ya han muerto cuatrocientos. Mientras avanza por la enmarañada jungla amazónica, es sorprendido por el
chapoteo de un yacaré muy blanco y joven que promete tener carnes muy tiernas. Pero el explorador no se detiene: sólo imagina que le dispara un certero tiro de arcabuz. Sigue adelante en su interminable caminata y por fin aparece ante sus ojos El Dorado con todo su esplendor, con toda su portentosa maravilla. En ese mismo momento, varias culebras ponzoñosas de unos tres pies de largo se enrollan opresoramente en los tobillos del miserable
caminante.


Tomado de Dos para un tango, de Constantino Contreras y Maribel Lacave
Chile

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