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Minicuentos
Suele
suceder
Cuando al fin encontré la respuesta, mis compañeros
se habían ido, y la maestra también.
Olvido
Olvidé sus besos, su piel y su mirada. Solo el aliento de sus
mentiras sigue gravitando en mi habitación.
Felicidad
Todos los días pasan iguales. Ochenta y tres años, los
dos últimos en la única compañía de Poncho,
un viejo gato callejero que un día cualquiera llegó
por una rendija en la ventana. Cada mañana se le hace más
difícil levantarse. Después del ritual de limpieza,
sobre el tanque de la poceta enciende una velita por el ánima
del viejo y le ofrece una oración. El desayuno, un par de galletas
light, por lo del colesterol, y un té sin azúcar, por
lo de la diabetes. De allí se dirige a tientas al sillón,
en una mano el control de la TV para ver los maratónicos de
la mañana, en la otra el teléfono, por si llaman los
muchachos. En el trayecto un tonto resbalón la mandó
al hospital. Enyesada hasta el cuello y conectada a aparatos titilantes
pudo ver, como en sueños, los rostros de sus hijos y sus nietos.
Su alma saltaba de felicidad.
Vacío
Vuelan mis pensamientos,
se escapan.
La nada existe,
está en mi cabeza.
Elizabeth
Conde Pinto
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