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Minitextos
Prueba
convincente
La Reina decidió darle sus alhajas, después que Colón,
ante la mirada atónita de todos, paró el huevo sobre
la mesa.
Efectos secundarios
En la multimillonaria demanda contra Laboratorios Pfizer por los efectos
secundarios atribuibles al consumo del medicamento Viagra, la Corte
falló a favor de Pinocho.
Coautoría
Miguel Vicente Pata Caliente reclama sus derechos sobre la Ley de
Gravitación Universal: “yo fui el que le tiró
la manzana al tipo ese”.
Lección de Historia
Cuando pasaban por la esquina de La Bolsa el buen Pompeyo le dice
a su hijo: “aquí nació Francisco de Miranda, el
Precursor de nuestra Independencia”, a lo que Pompeyito, levantando
la mirada, le pregunta, “¿en qué piso?”.
La reencarnación de Gregor
Entré a la habitación por la ventana, estaba todo casi
como lo dejé. Mis novelas favoritas, mis afiches en la pared,
la lámpara de Coca-Cola en el rincón. Como de costumbre
mamá pasó por aquí dejando su huella: la cama
escrupulosamente tendida, tan suave que provocaba tomar una siestita.
Mi ropa muy muy ordenada, despide un grato aroma familiar. Me meto
en mis zapatos, ni rastro de polvo. Bajo las escaleras con gran dificultad.
¡Cuántas fotos mías!, las recorro reviviendo cada
instante: ¡qué hermosa el día de mi graduación!,
¡y qué estupenda aquí con la raqueta que me regaló
la tía Inés!, parece una foto de portada. ¡Mi
madre!, ¡llegó mi madre!, aún no me ha visto,
anoche, mientras dormía, pude acercármele, sentir su
piel, su calor. De pronto voltea y me mira, un grito desgarrador sale
de su garganta. Inmediatamente, mi padre aparece, y ella señala
hacia mí. Él corre, toma una escoba y se me abalanza
lanzando golpes, caen los retratos, hay ruido de cristales rotos,
pero él no se detiene, está fuera de sí, quisiera
tranquilizarlo, pero no puedo, no me salen palabras, deseaba decirle
que no quise causarles tanto dolor. Mi padre me da alcance y me golpea
repetidamente, descargando toda su furia… oigo, a lo lejos,
llorar a mi madre, habría querido al menos pedirles perdón…
“¡ya, ya, querida, ya está muerta!... te juro que
mañana traigo al fumigador”.
Elizabeth Conde
Pinto
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