La noche mágica

Anabel esperaba paciente a que la luz del jardín se apagara, ella sabía que cuando lo hacía era muy tarde.

Se preguntó contrariada porque cuando se comía un helado pasaban los minutos tan pronto, y ahora, parecían interminables.

El tiempo es mágico- pensó- unas veces lento y otras rápido.

Cogió una bolsa para agua caliente que guardaba en su mesita de noche y recordó la sensación tan agradable que le producía su calor en los pies, mientras la nieve reposaba en la ventana.

Al abrirla, se le iluminaron los ojitos, y de dentro, sacó un delicioso bombón, que al desenvolverlo, presto desapareció entre sus golosos labios.

Se sorprendió al pensar que su abuela todavía no se los había encontrado y pensó que aquel era el escondite perfecto, pero claro- recapacitó algo decepcionada- solo para verano.

Al apagarse por fin la luz, comprendió que había llegado el momento y cogió una linterna que ocultaba debajo de la almohada. Se quitó el pijama y al ver sus ropas de calle debajo, sonrió. Eso no lo había hecho nunca y le parecía una gran hazaña, pero luego pensó, que bajar por la ventana todavía sería peor.

Al llegar al suelo, no sin antes llevarse algún que otro rasguño, encendió la linterna y la apagó dos veces. Por entre los arbustos en flor, llegó un siseo que reconoció al instante y corrió hacia allí presurosa. Al momento apareció la figura de su mejor amigo. Se llamaba Ramón y se conocían desde pequeños.

Ahora que tenemos siete años y que somos tan mayores- pensó- nos lo pasamos muy bien- y sonrió al recordar la travesura que estaban por hacer.

-Hola campanilla- le dijo Ramón muy bajo para no levantar sospechas.

-Hola Peter Pan ¿nos vamos?

-Vale, cuando quieras.

Marcharon veloces para que nadie los viera. Pensaban bañarse en el lago, pero al llegar al filo de las aguas quietas, no pudieron hablar al ver tanta belleza.

Las estrellas y la luna, reflejaban su brillante luz en la laguna y una suave brisa acariciaba sus mejillas.

Entraron en el lago lentamente y por espacio de un tiempo interminable, jugaron a atrapar estrellas, en los reflejos del agua.

Y comprendieron, aún a pesar de su corta edad, que aquella era una noche mágica, que jamás podrían olvidar.

Dorina Clark

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