Un cuento

Hoy Clara tiene ganas de charlar con Dios. Hace meses que no le cuenta las cosas completas, siempre parece no tener tiempo. Tanto así, que había olvidado sus propios secretos. Y este era uno de sus favoritos, hablar con Dios.

Él nunca responde, pensaba, pero creía ciegamente en cada una de sus señales como respuesta. Es más, mientras imprimía un documento importante, que le daría un rol en la vida (según creencia comunitaria) tuvo una de esas señas que ella siempre adoraba.

¡Ay!, casi se pasa por alto una breve explicación de quién es Clara.

Y bueno ahí va: Clara es Clara, aunque en la vida diaria respondía a otro nombre, pero para no confundir nos quedamos con que es Clara. Tiene 25 años muy bien cumplidos pero cargados con gran pesar. Según ella cuenta nació antes de tiempo, le hubiese gustado tener varios años menos por muchas razones que no importan en esta historia. Lo que sí Clara sabe esconder muy bien esos 25 años tras una sonrisa que de a ratos deja ver su alma.

Volviendo a la seña que tuvo esa noche, Clara había pasado un día espantoso, bueno en realidad solitario, pero eso para ella era la muerte. Luego de tan peculiar día, haré algo productivo se dijo. Y bueno, entre instalar la impresora y los materiales transcurrieron varios, bastantes, minutos. Eso era bueno porque así dejaba de mirarse sola y soltar esas lágrimas que tanto ataja. Listo todo, empezó la impresión, mientras tanto estaba que se animaba y no lo hacía, hablarle a Dios, por supuesto.

Pasaban las hojas y las horas también, tocó compaginar la cuestión. De pronto habían algunas dadas vuelta. ¿Dadas vueltas?, hasta es extraño para mí contárselos. Sí, afirma Clara, dadas vuelta, así nomás. Y hace tiempo dejo de creer en fantasmas y monstruos o cosas así, ella aseguraba que todas las cosas que no se podía explicar eran la presencia de su viejo amigo Dios.

Él se dio cuenta de que ella necesitaba que la escuchen y sentó presencia, sin embargo, Clara, que noto la visita, creyó un mal momento para reencontrarse, porque tenía mucha ira en el corazón y uno se vuelve cruel, dice cosas feas, se pone incrédulo y empieza a cuestionar muchas cosas. Entonces como pensaron, Clara decidió desconectarse y sí se fue a dormir, es la forma más fácil que tiene para eso, para no pensar.

Durmió mucho, soñó bastante, pero calló todo, en realidad no tenía con quién compartirlo. Por una hora se olvidó de lo que quería hacer, hablar con Dios. Había mucho ruido en el su mundo exterior y estallidos de sollozos en su mundo interior. Hizo muchas cosas acordes a una persona de unos 45 años que tiene varios hijos desconsiderados. Lo disfrutó de todos modos. Si ella no hacía eso, entonces quién.

Toda una tarde de mirar el reloj y el teléfono sin respuestas positivas. Entonces se miró y dijo: me voy a amar. Tomó un baño de varias horas, se puso cremas, colonias, su mejor atuendo, se maquilló y de paso pintó una sonrisa por ahí tratando de imitar a la de ella, ya que la conoce muy bien. Nunca queda igual pero disimula, pensó.

Fue a dejar algo importante que ella y él -su amado- habían olvidado por ahí y andaba rodando sin rumbo. Lo entregó y como ella esperaba fue recibido con mucho amor.

Clara no pasó las pruebas con aquella sonrisa y unas cuantas lágrimas la despintaron. Pero su corazón estaba más tranquilo había encontrado algo muy preciado ese día y lo entregó a la persona que durante un año logró cuidarlo con mucha ternura y placer. Estuvo solo unas horas extraviado en un dormitorio donde habitaban hasta leones.

Luego de dejar en buenas manos aquello, marchó rumbo a un lugar tranquilo porque ya podía ir a hablar con Dios. Esas lágrimas habían borrado la sonrisa pero le habían devuelto la calma. Clara procuró muchos sitios lindos para invitar a Dios, pero prefirió un lugar más privado donde ella pudiera gritar. El lugar no era tan lindo, ahí habían varias fotos en el tocador improvisado, unos cuantos años de recuerdos guardados en pequeñas cajas de cartón, unas cuantas prendas desteñidas, además unos pares de zapatos desgastados por las calles de la vida, algunas cosas más que no tienen relevancia alguna.

Perfecto pensó. Es un lugar privado y además Dios lo conoce a la perfección, incluso ese día que estaba impecable como nunca. Clara decidió no cambiarse, esperaba que no la desconociera ya que llevaba mucha colonia y maquillaje poco común en ella. Sonó la puerta de su corazón y Clara lo dejó entrar. Hace mucho que quería invitarte le dijo ella. Dios, que nunca le había respondido, le dijo: Hace mucho que espero detrás de la puerta. Clara, entre el susto y la sorpresa, respira profundo y le dice: me alegra tu compañía, estaba muy triste, lanzó un intento de sonrisa. Una media sonrisa, una mueca en realidad.

Dios calla y le cede la palabra, ella asiente con la cabeza. Sufrí mucho amigo, sufrí mucho. Había olvidado que no son los lugares, no las fechas los importantes sino las personas. Por poco me olvido lo importante que es amar y tener un compañero en este camino que tú me has dibujado. Por poco lo olvido le grita y rompe en llanto. Pero estaba tan sola, se excusa.

En realidad, Dios amado -le dice mirándole el alma-, en realidad hoy quería contarte que soy feliz, qué aprendí a ser un ser humano, que ahora no sólo sonrío, sino que canto y bailo. Que ya pasé la primera prueba. Ya encontré a mi alma gemela, y que caminamos por tu sendero al mismo ritmo. A veces nos cuesta un poco el trayecto tiene piedras por ahí, hasta algunos embusteros que intentan engañarnos, pero nuestro amor es tan fuerte que los desenmascaramos. Algunos días huele a jazmín todo el tiempo. Otras veces, el humo quiere intoxicar nuestros pulmones y no podemos avanzar. Pero son más días de olor a jazmín así que nos es fácil. No sé para que contarte esto Dios amado, si vos lo sabés todo, sigo siendo ingenua como en colegio. Para no aburrirte con cosas que ya sabés sólo me quedan dos palabras Dios mío. Sólo dos: Muchas gracias.

Así fue como Clara terminó aquella tan esperada charla con las palabras mágicas "Muchas gracias". Y cómo no le iba a agradecer si ha tenido la suerte de pocas personas en esta dimensión de la vida, la suerte de encontrar a su compañero con el cual recorrer los caminos de la vida, compañero con el que tiene mil y una historia, mil y un secretos, mil y una complicidad...El compañero de su vida.

Clara, que cumplió su deseo, se recostó, tomó la cubrecama y cerró los ojos. Dios le dio el beso de buenas noches y les bendijo la vida a ella y a su compañero.

Annelissie Arrázola M.
Santa Cruz, Bolivia

Regresar Arriba
Inicio | Texto Sentido | Textos | Reseņas | Blogs

Entrevistas | Talleres | Noticias | Clasificados | E-mail | Arte en la Red