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Nosotros,
los de entonces
Se levantó un silencio
oscuro entre nosotros, los puentes que nos unieron se esfumaron. Ahora
las miradas están borrosas, y las palabras nos cuestan. Las
noches son eternas, nuestros sueños empañados lloran
sin consuelo.
La confianza es un rompecabezas del cual hemos perdido piezas. Se
desdibujó la ilusión del amor.
Un corazón se hizo trizas. El otro se marchó, y seguimos
ahí, ausentes.
Ninguno se pregunta si todavía existe una luz por encender.
Los motivos están conjugados por los tiempos, y estallamos
de incomprensión.
Las decisiones quedaron estampadas en la pared como un collage. Las
madrugadas son dueñas de la soledad y las horas solitarias
marcan el camino de la despedida. Este mundo sin dos no camina, pero
de otro modo no será...
Uno de nosotros siente que cae en un abismo y no me preguntes quién...
En el fondo de la casa están los faroles que iluminaban nuestras
risas, entonces la música se encendía y la fiebre del
baile no conocía final.
Éramos tan jóvenes, audaces y fieles...
No procurábamos ser eternos.
Seducíamos todas las lunas, conquistábamos cada sol.
Pero cuando quisimos encausar los ríos hacia un mismo mar,
nos dimos cuenta que estábamos en diferentes puertos.
Escucho nuestros latidos en el eco de las montañas, ojalá
alguno de los dos los guarde. Son el recuerdo de un pasado que parecía
más fuerte que una ópera, pero que la realidad despertó
de aquel teatro infantil.
No sé qué será de nosotros separados, tal vez
una fotografía amarillenta destinada al olvido...
Romina
Amodei
angel_azul1978@yahoo.es
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