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Notas
de reflexión Las palabras están hechas para decir, tanto lo uno -lo que gusta- como lo otro -lo irresponsable o deplorable-. El uso del rechazo del insulto
no es en la ética tan tajante como el no matar por ejemplo.
Cuando alguien no es consciente de lo que hace -y en ese momento está asesinando a otra persona o dañando extremadamente a otra persona- entonces se le insulta correspondiendo a esos graves hechos, como hizo muy bien Jesucristo ante los que el templo de Dios lo habían hecho una cueva de ladrones. Cuando a una mujer se le ha violado y la misma justicia la tiene en contra y al mismo tiempo el violador le dice puta o la humilla en bastantes ocasiones, esa mujer tiene la necesidad -por defenderse- de insultar cuatro millones de veces si lo desea al día. ¿Es que, si no le sirven las palabras, si no le sirve la justicia e incluso la prejuzgan los demás, se le deben exterminar hasta los elementos naturales de defenderse?, ¿es que debe exterminarse ya a sí misma? Pues no. Esa mujer puede defenderse a modo de insulto de todo el daño que se le está haciendo; y que coste que encima es santa. Dar rodeos es manipular.
Si se piensa se piensa con lo racional, no con la Luna; asimismo si se duda se duda con lo racional, incluso en la ética -que es lo racional que atiende a lo cívico para que toda sociedad funcione lo mejor racionalmente-, incluso en el humor -que no se puede hacer fusilando personas o utilizando el racismo-. Por ello, si se duda que el burro sea un mamífero se ha de argumentar racionalizando la duda; no se puede decir -racionalmente- "dudo de que sea un mamífero porque he soñado con un burro volador". Una cosa es la actividad de la imaginación para algo lúdico, recreación o para desear -que los elementos que utiliza sí son reales- y otra cosa es el contenido o resultado de la imaginación, que no es real aunque sí sea un instrumento -una actividad- para suponer cosas coherentes o, en fin, establecer las hipótesis oportunas de una investigación. Otro loco por ahí ha dicho -para manipular- que "todo es relativo" sin tener ni una, una prueba; pues entonces que su hijo sea una persona puede pensar que también lo es, que tiene que dormir también, que hay que mirar por la naturaleza también, que a su hija la han violado también para que el violador, al no ser violación, también. En fin, estos "majaras" que no tienen además vergüenza existen en todos los programas de los medios de comunicación; para comunicar manipulando, claro. Y después reprueban que a sus hijos los educan mal los otros, los maestros, siendo ellos unos verdaderos...
El saber es continuo como siempre he dicho, pero eso no quiere decir que ése no llegue a precisar conclusiones o principios ya completos en coherencia; por ejemplo, "que somos seres vivos", "que somos seres que aprendemos", "que somos energía", hasta llegar a miles de estos ejemplos. Es decir, son verdades en sí mismas acabadas con respecto a lo que significan o dicen, porque toda verdad debe tener una finalidad delimitada: no se puede decir "quiero toda la verdad del movimiento y... ¡ahora!". La verdad de un asesinato concreto
es si es un hecho o no es un hecho, algo delimitado. Lo primero para saber si una cosa es verdad es saber si "sí" es realidad o si "no" es realidad; es decir, la verdad tiene o un sí o un no siempre, como base: si eso que se dice "es real" porque es evidente o se demuestra real incluso para un futuro próximo -por sus indicios de posibilidad real, demostrándose- o si "no es real". Todo el mundo dice que la droga o la prostitución no se pueden eliminar porque existen "desde la noche de los tiempos", porque tienen mucha demanda y ahí queda la cosa o la perogrullada, pero eso dicho así es incorrecto puesto que siempre dependen de una voluntad y de una responsabilidad política o social, no de algo inherente. Lo que sí se debe lograr paulatinamente hasta que se haga realidad con la práctica de una voluntad social es que se les den a las personas recursos para luchar contra la droga y contra la prostitución y, a medida que tengan más recursos, más se podrá llegar a una solución satisfactoria.
Existe una preocupación obsesiva por los poderosos, por los políticos, por los intelectuales acomodados, por las multinacionales, en fin, por los presidentes y sinvergüenzas superguerreros -pero que no ven a los que mueren- porque en el mundo haya seguridad. Sí, piensan sobre todo en la ¡seguridad!, como queriendo asegurar algo -¿qué será?- muy bien prieto para ellos, por no perderlo nunca (cuando a otros no les han asegurado el derecho a la vida siquiera y mueren, con unos meses, de hambre). En cambio, los que nada tienen lo que tienen seguro ya es que nada tienen y sueñan y sueñan día tras día en lo que se ha llamado ¡justicia! o digna vida de todos ellos frente a otras seguridades que les venden. |
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