Poesía Persa

¡Despertad, que ya la aurora puso en fuga las pálidas estrellas, y el Cazador del Oriente ha cogido la Torre del Sultán en una trampa de luz!

Este cuarteto - tal y como se conoce el Rubaiyat - pertenece a una de las
obras más bellas de la poesía oriental, específicamente de Persia, país conocido en la actualidad como Irán. Omar Khayyam, autor de estos versos, nació en el primer cuarto del siglo XI en Nishapur, capital de la rica provincia de Khorassan, región de clima tropical privilegiado, bañada por el sol, situada en el nordeste de Persia. Omar Khayyam fue dado a conocer por primera vez al mundo occidental en 1859 por Edward Fitzgerald, quien seguramente puso en su traducción gran parte de su cosecha.

Muchos de los cuartetos de Khayyam se caracterizan por su atrevimiento.
Acusan una audacia y una libertad de pensamiento que, a los ojos de sus
contemporáneos, debieron parecer más propios de un impío que de un verdadero creyente; sin embargo, estos cuartetos, juzgados con criterio occidental, resultan banales y ante ellos no se concibe que hayan podido ser materia de escándalo.

"¿Nuestro tesoro? El vino. ¿Nuestro palacio? La taberna. ¿Nuestros fieles
amigos? La sed y la embriaguez. Ignoramos la inquietud porque sabemos que nuestras almas, lo mismo que nuestras copas y trajes mancillados, no tienen que temer ni el polvo ni el agua ni el fuego."

Omar Khayyam le canta al vino, a la vida, a la muerte y al lugar donde el
poeta desea ser sepultado. Todo ello una blasfemia para el pensamiento
musulmán. Hay cin co cosas cuyo conocimiento sólo pertenece a Alá y son: la hora de la muerte, el sexo de la criatura en el vientre de la madre, el
día que va a llover, los sucesos futuros y el lugar en que morirá cada uno.
Tratar de predecir cualquiera de estas cosas es pretender igualar la
sabiduría de Alá.

"Sepultadme, amigos míos, en un hermoso jardín, donde huyendo del calor
estival, se den cita las viejas amistades; bajo las verdes ramas que asomen
por el muro, y que dejarán caer sus flores sobre mi tumba."

Pero los temas tocados por Khayyam, son tan viejos como el mundo. Ya sobre los ardientes arenales cuya sed no apaga el Nilo, junto a las
interrogaciones de la Esfinge y ante la desolada majestad de las Pirámides,
se levantó una voz hace decenas de siglos:

"Regocíjate y no te afanes, nadie puede llevar consigo sus tesoros; nadie
vuelve del más allá."

Participa Khayyam, en grado sumo, del fatalismo oriental, que nos inficiona
tan fácilmente. Por gran número de sus cuartetos pasa la sombra del
"mektub" árabe. ¡Estaba escrito!

"Lo que el destino escribe, escrito está. Ni toda tu piedad ni toda tu
astucia conseguirían tachar una sola línea; todas tus lágrimas no lograrían
borrar una sola palabra."

Se desconoce el año exacto de la muerte del poeta pero cuenta uno de sus
discípulos:

... salimos del cementerio de Hira y, caminando a la izquierda, descubrí su
tumba al pie de un muro por el que asomaban sus copas perales y durazneros, que cubrían de flores el sepulcro del poeta. Entonces, recordando las palabras que le escuché en Balkh, rompí en sollozos, porque sobre el haz de la tierra y en todos los lugares conocidos, no hubo nunca un hombre que pudiera compararse con él...

Preparado por Mari Jimeno
Texto Sentido

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