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Metáfora:
libertad e inteligencia La metáfora es un juego de palabras que designa una creación lúdica de la inteligencia. Toda sorpresa se convierte en elemento fundamental de los juegos de palabras y desarrolla la suspicacia, la incertidumbre y la sospecha del doble juego del lenguaje. Toda sorpresa –imprevisto agradable- es ingeniosa y está causada por una alteración de lo esperado, de lo acostumbrado o de lo normal. Si llamamos "grado cero" a este mundo esperado, la sorpresa, entonces, se debe a una desviación del "grado cero". De esta forma define la retórica moderna el lenguaje poético. Por eso tanto el ingenio como la creación poética se logran gracias a la metáfora. El juego de palabras tiene como propósito no decir lo que se dice, lo que vemos lógico, lo que todo el mundo espera. Cuando hacemos esto estamos apostando a lo ilógico, pues su efecto consiste en decir lo que resulta del cambio de la palabra. "En ese lenguaje blanco donde todo es igual, unívoco, nos dormimos como animales cansados habituados y resignados, fuera del hechizo de los sentidos", ha expresado el crítico español José Antonio Marina. Como la inteligencia no soporta el ajustado corsé salta las barreras e instaura los juegos de palabra: la metáfora, los chistes, los símiles. La mejor prueba de ello está en que los niños se divierten cuando juegan con el lenguaje, lo trastocan, cometen equivocaciones voluntarias como cuando dicen que las abejas hablan, que los árboles juegan. Cuando los niños invierten los sentidos del lenguaje están jugando con lo aprendido. Los grandes poetas rechazan la denotación, fascinados por el anhelo lúdico que da testimonio del poder de dislocación. En Cantaclaro, por ejemplo, Florentino dice: Ahí te mando tus sortijas/ tus cartas y tus pañuelos/ Espérame en los Chaparros/ pa devolverte tus besos. El juego produce sorpresa pues se espera que quien canta tenga intenciones de devolver otro objeto material, pero el desconcierto lo causa la devolución de un gesto sensible de carácter espiritual. Aristóteles señala que estas expresiones resultan más logradas cuanto más sucintas y más contradictorias sean. La razón es que se logran captar mejor por medio de una antítesis, y, más rápidamente, por su brevedad. Para Aristóteles, la comparación es metáfora y la diferencia entre ambas sólo se halla en que en la comparación se agrega una palabra ("como"). Si decimos: Aquiles es como un león, apuntamos al símil; ahora, si suprimimos la palabra "como" y expresamos: Aquiles es un león, forjamos la metáfora. El resultado es la interacción de dos pensamientos: el de la fuerza de Aquiles y el del poder, la majestad, el señorío del león como "rey de la selva". Pero si es necesario un criterio que permita distinguir la metáfora de la comparación se debe considerar que la comparación aparece siempre como un accesorio del que se puede prescindir, mientras que la metáfora es absolutamente indispensable al sentido de la frase por su valor cognitivo: estamos proyectando sobre Juan todo un sistema conceptual que involucra la selva, un lugar inseguro, animales salvajes, peligro, entre otros. El creador interviene todo el orden de la vida, del lenguaje, de los significados, de la razón, para plantearnos desde sus vivencias otra distinta, velada y misteriosa. Interesan las intenciones del autor, lo que quiere decir con el juego de figuras que instaura. En La misa de Arlequín, Meneses expresa: Mi cuerpo fue como un pino, como una catedral, como un palacio, como una ecuación también en el instante del accidente". Esta manera de relacionar las palabras de forma inusual ayuda a incrementar la capacidad sensitiva-cognitiva. Nos preguntamos, ¿por qué es importante el estudio sobre la metáfora? Cuando hablamos de la metáfora interesa resaltar algunos aspectos: primero, la conveniencia de enseñar a nuestros niños y jóvenes, no sólo, a disfrutar la belleza implícita en ella, que, además, refuerza el goce de la lectura, sino también, el proceso de construcción de significados, el juego que se establece con el lenguaje fuera de toda convención y tiempo; segundo, del interés que prestemos al símil y a la metáfora, dependerá el entrenamiento en el uso del enigma, del secreto y del misterio. Si ejercitamos a los niños en la búsqueda y la elaboración de un corpus de metáforas según las ideas, familias o temas, el sentido que expresen, la intención de verdad, por cada obra literaria leída; o bien, si los alentamos a crearlas, estaremos contribuyendo con el desarrollo de la inteligencia, es decir, con el auge de la capacidad de establecer relaciones para producir nuevas ideas; con el ennoblecimiento del lenguaje, con su calidad de vida, con el desarrollo del ingenio, con la eficacia de sus respuestas. Enseñar a buscar relaciones entre las cosas, en apariencia disímiles, aumenta la inteligencia y ella nos permite ir abriendo caminos cuando vamos por la vida hacia lo desconocido, expresa Luis Alberto Machado en La Revolución de la inteligencia. Enseñar y dar libertad a los niños para producir ideas nuevas con las que poseen. Cuando creamos nuevas ideas extendemos el sentido de las cosas, es decir, contribuimos con su multidimensión, con la diversidad, con lo relativo de los distintos puntos de vista y con la claridad de la expresión. Decir que Juan es ágil es una cosa, pero decir que es tan ágil como un resorte, es, no sólo, ampliar el significado, también es contribuir con la claridad de la expresión, con la verdad. El encuentro con la metáfora o con el lenguaje poético nos alista para pensar con una inteligencia libre, que nos permita combatir los estereotipos, es decir, los modelos gastados que obstaculizan nuestro encuentro con la belleza. Es necesario hacer hincapié en el estudio de la metáfora, porque ella traduce sensibilidad, ingenio, libertad, descubrimiento, conocimiento de la realidad, interacción, novedad. Para lograrlo hay que enseñar a nuestros niños a observar detenidamente los objetos que nos rodean; a captar todos sus caracteres: semejanzas y diferencias; percibidas las semejanzas, puede establecerse la relación. La metáfora expresa una verdad, porque declara, revela la similitud real entre objetos. La metáfora constituye un excelente recurso para desarrollar o refinar continuamente los sentidos, particularmente el de la vista, como medio para enriquecer la experiencia. En la "Oda al fuego" Neruda expresó: "Las palabras son muertas junto a tu rayo amarillo, junto a tu cola roja, junto a tus crines de luz amaranto, son frías las palabras". No encuentro mejor recomendación, para iniciar este ejercicio, que la lectura de las "Odas elementales" de Neruda; o la "Edad de Oro" de Martí, o "Los últimos gigantes" de Francoise Place, entre otros. Partiendo de las relaciones –semejanzas y diferencias- orientar a niños y jóvenes hacia el planteamiento de un problema y de su solución. Un problema que los lleve a la proposición de una hipótesis, que suscite la investigación y la demostración de sus intuiciones y percepciones. Beatriz
Pineda de Sansone |
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