¿Un juguete inofensivo?


Este hermoso y raro libro de Nuni Sarmiento, a quien el fallecido crítico Julio Miranda, en su antología-enciclopedia de la narrativa venezolana de los años 80 y 90, El gesto de narrar, consideró una voz “francamente excepcional”, no sólo lleva por título Revés, sino que está escrito “al revés”, a contrapelo de la corriente dominante en nuestra narrativa actual, que Nuni acusa, podemos leerlo en la solapa, de “tedioso y lúgubre espejo de la vida”, de “cruel literatura” y de “sadismo narrativo”, que se deleita en “solemnes pesadumbres”.

Y estamos de acuerdo en que nuestra narrativa reciente, bajo las banderas del realismo, se ha dado a la ilustración de atrocidades, que más hablan de los temperamentos de los autores que constituir un espejo fidedigno de lo real (aunque lo real sea también terrible).

Una opción a este realismo de la crueldad y el frío cinismo pudiera ser lo fantástico: el prado del unicornio tras la puerta del zaguán que evocaba Cortázar en su caracterización del cuento fantástico.

Pero yo dudo en catalogar de fantástica la narrativa de Nuni Sarmiento. Me parece más bien representar un surrealismo psicológico y filosófico que se me emparenta con la rica narrativa de la escritora inglesa Leonora Carrington, con sus mágicas e incalificables vivencias de la locura y del sueño. Aunque detecto también una filiación con el autodiscurso tan explorado por Kafka, que denunciaba irónica y dolorosamente los laberintos de la razón en que termina fundándose el poder despótico.

El interesante concepto que Nuni se hace de la literatura es el de “un laboratorio mental en que se investiga la ciencia de la fuga”. Pero al mismo tiempo concibe esta fuga como un enfrentamiento con la realidad que consiste en “abrirle un boquete”.

Por ese boquete abierto circula la dimensión del revés, que es como la otra cara simultánea de la realidad y del pensamiento, donde las entidades, los objetos y los acontecimientos, fluyen arrancados de la lógica sadística, que los usa e instrumenta, para imbuirnos en una mágica, sorpresiva, enriquecedora libertad psíquica que nos hace ver y pensar la vida de otros modos.

Nuni piensa que con esto ha conseguido un “juguete inofensivo”. El juguete es la forma concreta de la libertad psíquica y coincido con esta apelación. Pero me pregunto si es realmente inofensivo, dado el cruento aparataje, y sus “mecánicas vacías”, que implícitamente devela y pone en juicio con su juego reverso. A no ser que “inofensivo” signifique el movimiento contrario al sadismo cínico del que se aleja con notable éxito y para placer nuestro.


J.A. Calzadilla Arreaza
21 mayo 2004

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