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Reflexiones
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| Jonathan Swift,
nació en Dublín el 30 de noviembre de 1667.
Se doctoró en teología en el Trinity College
y estuvo muy involucrado con los círculos políticos
de Londres, lo cual le mereció una que otra amenaza
de ser procesado por lo radical de sus opiniones. El libro
que le dio más celebridad fue "Los viajes de
Gulliver", que no es, como piensan muchos, una obra
infantil, sino, por el contrario, una sátira despiadada
de la sociedad en la que vive y de la condición humana
en general. Murió el 19 de octubre de 1745. |
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Teniendo en cuenta la disposición
natural de muchas personas a mentir y de las muchedumbres a la credulidad,
me deja perplejo y desarmado esa máxima tan frecuente en boca
de todo el mundo que asegura que la verdad acabará triunfando.
Si bien es cierto que hay
algunos asuntos demasiado serios, solemnes o sagrados para reducirlos
al ridículo, los abusos que se cometen en su nombre no lo son,
y ello hace que la corrupción de la religión, la política
y la justicia puedan ser temas adecuados para la sátira.
Hay un punto fundamental en el que un mentiroso político difiere
del resto de practicantes del arte de la mentira; él debe tener
una memoria muy limitada, debido a las varias ocasiones en que al
cabo de una hora deberá contradecirse a sí mismo y jurar
dos cosas radicalmente contradictorias según quién sea
su interlocutor.
No hay talento más útil para ascender en el mundo, o
para poner a los hombres más a salvo del destino, que la cualidad
que generalmente posee la gente más anodina: lo que en lenguaje
corriente se llama discreción; una suerte de prudencia menor,
con ayuda de la cual las personas de más escaso nivel intelectual,
sin ninguna cualificación, se pasean por el mundo con total
tranquilidad y siendo bien tratadas por todos, sin atacar ni ser atacadas.
Las cortes rara vez están desprovistas de personas con este
carácter.
El arte de gobernar no requiere en realidad otra cosa que diligencia,
honestidad y un moderado porcentaje de simple sentido común.
Tomado de Ideas para sobrevivir la Conjura de los Necios,
de Jonathan Swift. Península, 2000.
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