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Nos asomamos a: Mauricio Ventanas
Texto Sentido: Mauricio, ¿por qué el seudónimo a la hora de escribir narrativa?, ¿será que consideras que tu actividad como escritor es incompatible con tu trabajo como ingeniero?, ¿piensas que le restaría seriedad a esto último? (esto siempre me ha parecido algo así como un problema de doble personalidad), ¿acaso el seudónimo será el que utilizas como ingeniero? (esto sí sería ingenioso), ¿o es Mauricio Ventanas sólo otro de tus personajes? Mauricio Ventanas: Pues yo no veo mayor conflicto entre mi trabajo como ingeniero y como escritor, más bien me parece que se complementan muy bien. Como identidades complementarias, son bastante discernibles. Tal vez lo que sucede en mi caso es que, después de haber sido llamado indistintamente por cualquiera de mis dos nombres desde que era niño, nunca llegué a desarrollar una conciencia muy clara respecto a la diferencia entre nombre y seudónimo. Crecí pensando que la identidad es algo que el ser humano lleva dentro y el nombre viene de cubierta, como un convenio con el mundo para saber cuándo debo voltearme y decir "Sí señor: soy Guido el ingeniero" o "Soy Mauricio el escritor", a fin de cuentas siempre soy yo. Claro que podemos ver a Mauricio como otro de mis personajes. Como habrás leído en mis cuentos, el narrador personaje es uno de mis favoritos. Pero lo mismo podemos decir de mi buen amigo Guido, lo único que cambia es el nivel lúdico y ficcional en el cual nos desenvolvemos, aunque debo confesarte que a veces la brecha no queda nada clara. Finalmente, si se tratara de tener un nombre para cada personalidad, tal vez la mayoría de nosotros tendría que levantarse cada día con un nombre diferente. Pero nos aferramos al mismo nombre cada mañana, como para seguir creyendo que no hemos cambiado tanto. TS: En tus relatos hay una carga muy fuerte de poesía, un intenso trabajo de "plástica" en el lenguaje. Y aunque perteneces al Círculo de Poetas Costarricense no hemos visto mucha poesía tuya publicada. Pero la pregunta es la siguiente, ¿se requiere de mucho esfuerzo para escribir de esta manera?, en otras palabras, ¿se te da fácil la escritura? MV: Pues no, nunca se me da fácil. A partir de ese punto tan difuso en que un cuento parece tomar forma en mi cabeza, se requieren cantidades enormes de trabajo para reducirlo a palabras, elevarlo a poesía, reducirlo otra vez hasta el punto en que las palabras puedan fluir sin problema hasta la imaginación del lector, amasarlo y pulirlo hasta quede "al dente", medir la salsa, cuidar el orégano y repasar todas esas recetas literarias inservibles que nunca se aplican por igual a ningún cuento. Una
parte importante del oficio es hacer que el cuento no luzca "trabajado",
que se mueva de la manera más natural en la mente del lector, como
si todo se hubiera escrito de un tirón en un arranque de inspiración.
Pero esto siempre es un truco, tras bambalinas se ocultan horas de
trabajo. Sin embargo, el tercer libro en ciernes "Ideología de los Vertebrados" maneja no solamente un lenguaje poético mucho más denso y exigente, sino también un fundamento científico y antropológico que a algunos podría parecerles rayar en el erudismo. En ese sentido mi actitud es respetar la "personalidad" de cada uno de mis proyectos literarios y tratar de que se desarrolle de la mejor manera posible dentro de su manera de ser. TS: ¿Qué esperas del lector? ¿Cómo lo percibes? MV: Mi percepción del lector la heredo de los tiempos de adolescente universitario, cuando me dio por escribir canciones todas las semanas, como un intento desesperado por comunicar tantas cosas para las que las palabras nunca parecían ser suficientes. Yo escribo para el lector héroe, o la lectora heroína, que me busca y me rescata desde el fondo de mis canciones más melancólicas y me trae de vuelta a la realidad. Mi lector favorito es el que hace cierto esfuerzo por romper conmigo las barreras del lenguaje y descubre que tras esa maraña de metáforas y fantasías estoy yo, desnudo y solitario, buscando quién me tienda la mano, me saque a flote, me reinvente y me haga vivir, como cualquier otro ser humano. TS: Hay relatos, como "El Fantasma de Miguel Apuy", donde se puede percibir una fuerte carga pasional (por decirlo de alguna forma). Es un relato lleno de sensualidad, de belleza, de mucha poesía, escrito con un lenguaje maravilloso. Es una historia que no es nueva, pero tal vez sí la forma de plantearla. ¿Qué pasó allí?, ¿qué hubo en ella de diferente, a la hora de escribirla, con respecto a los otros relatos que componen el volumen "Las muertes normales" (y a los que no desmerecemos, ya que también son muy buenos)? MV:
No te puedo explicar por qué un cuento gusta más a algunas personas
y otro más a otras. De "El Fantasma de Miguel Apuy" te puedo
contar que me lo soñé, hace muchos años, por cierto, con mucha claridad,
casi como una revelación, alguna vez hasta me pareció una visión de
alguna vida anterior. Me costó muchísimo traerlo al mundo de las palabras,
pero una vez TS: Otro que nos llamó mucho la atención es el jocoso relato: "Las alas de Pablito", un texto cargado de fino humor. Imaginamos que debes haber disfrutado mucho al escribirlo, ¿o no? (aunque no deja de ser una historia medio trágica; después de todo, casi te quedas sin alas). MV: No me lo vas a creer, pero ese cuento entero lo escribí llorando. Desde ese punto de vista no podría decirte que disfruté escribirlo, porque realmente no me gusta llorar, pero sí me dejó una marca muy entrañable. Me hizo crecer. A diferencia todos los demás cuentos, fue generado por una experiencia de la vida real, un encuentro de minutos con un niño recién nacido insoportablemente bello, y condenado a morir muy pronto, desfigurado por la hidrocefalia. Yo acababa de leer "El Tao de la Física" de Fritjof Capra, y venía todo encumbrado en mi parapeto de nuevo sabio tao-científico, a compartir de alguna mística manera aquel momento de elevación espiritual con el desafortunado crío. Como sabrán los que leyeron el cuento, ocurrió todo lo contrario. Todo el aprendizaje vino de él para mí y eso me impactó de una manera tan grande que sólo he podido reflejarla escribiendo "Las Alas de Pablito". La escena del encuentro con el Maestro Fung y el regalo de las alas, son altamente basadas en la realidad, no me queda más que darle las gracias a Pablito, una vez más. TS: El relato "En la luna de Montaigner" me hace pensar que en algún momento fuiste un aficionado a la Ciencia-Ficción (ese cuento me recuerda mucho a la novela "El mundo invertido" de Christopher Priest), ¿quizá leías mucho este género literario durante tu juventud?, ¿o todavía lo haces? MV: Pues sí he sido muy aficionado a leer sobre astrofísica, relatividad, mecánica cuántica, fractales, caos y esas cosas, pero no tanto sobre ciencia ficción. Tal vez me ha dado la impresión de que Einstein y sus secuaces han dado más en qué pensar que cualquier escritor de ficción. Era tal el desprecio que yo sentía por ese "sub-género", que me costó un poco aceptar que "En la luna de Montaigner" fuera ciencia ficción. Pero con el segundo libro ya le tomé el gusto al asunto, vienen varios relatos flagrantemente científicos, y no me extrañaría estar publicando una colección de cuentos de ciencia ficción dentro de unos años. TS: "El beso de Lucrecia" es como una parodia de un cuento de hadas, ¿estás acaso tratando de experimentar con las diferentes formas en que se puede presentar un relato? Mientras otros escritores latinoamericanos abordan una temática fija, que puede ser: la soledad del hombre contemporáneo, la condición femenina, y cosas así, tus textos son todos diferentes, abordan temáticas diferentes. ¿Qué comentarías a este respecto? MV:
Creo que la variedad temática e incluso ciertas diferencias de
estilo son un resultado de mi proceso como escritor. No es exactamente
que estuviera experimentando, pero sí me encontré frente a cierto
abanico de posibilidades estilísticas al que no quise renunciar por
completo. No escribí ninguno de los cuentos con un tema unificador
en mente, al principio ni siquiera estaba TS: ¿Puedes decirnos algo sobre la inspiración? ¿De dónde te viene? ¿Cómo funciona? MV: Pues honestamente no, sería mentirte. No sé ni de donde viene, ni cómo funciona, y si lo supiera estaría tan entretenido con el éxtasis de la inspiración, que no tendría tiempo ni para escribir. Bueno: Intuyo que tiene mucho que ver con la capacidad del ser humano para establecer "conexiones" entre todas sus vivencias, tanto internas como externas. En la medida en que podamos mantener nuestros canales mentales abiertos, a medida que vivimos, la cantidad de estas conexiones aumenta factorialmente y esto favorece cada vez más las posibilidades de crear vivencias o combinaciones de vivencias altamente originales. Es una aplicación bien interesante de las modernas teorías sobre la vida como proceso cognoscitivo. Aparte
de esa mentira enorme que te acabo de inventar, sólo puedo parafrasearte
el mandamiento de Einstein, la inspiración es sólo el 1%. Es un 1%
indispensable, sí, pero sólo el 1%. El resto es transpiración. MV: Pues así fue. Me costaba demasiado expresarme ante la gente de la manera usual y llegaba a la casa con tantas ideas y sentimientos reprimidos que la pobre guitarra acababa pagando los platos rotos. Como terapia me funcionó bastante bien. Luego, cuando sentí que la presión emotiva por hacer canciones bajaba, quise abordar el asunto desde una postura más artística. Entonces fue que entré al Círculo de Poetas Costarricenses, me di cuenta de mis dotes como cuentista y las canciones se quedaron para los viernes de por medio en el Bar Cronopios de las Nubes de Coronado. TS: ¿Comentarías algo acerca de los asuntos literarios de su país?, ¿cómo promociona el estado en Costa Rica a sus escritores? MV:
Es una situación algo delicada y romántica. Mi teoría es que un
país tan pequeño y talentoso como Costa Rica, acabamos siendo más
escritores que lectores. Es un mercado tan reducido, que vivir de
la literatura sería un suicidio, así que nadie ni lo intenta. Lo que
escribimos no nos da alimento más que para el ego. Así que nos juntamos
entre escritores, lectores amigos y parientes tolerantes, nos oímos
leer apasionadamente los unos a los otros TS: ¿Crees que el escritor tiene algún tipo de compromiso con la sociedad?, ¿deben los escritores buscar un sitio en la sociedad o deben más bien escapar de ella? MV: Creo que el ser humano en general, incluyendo al escritor, tiene un compromiso con la sociedad. Yo no me opongo a la literatura de compromiso o de causa social, pero tampoco me adscribo a ella gratuitamente. Yo creo en el ser humano que sabe cuándo concentrarse en su oficio para dar lo mejor de sí y cuándo tenderle la mano a sus semejantes para darle sentido a los frutos de su trabajo. Si algún escritor se siente feliz y justificado escribiendo mensajes de contenido social, político, pedagógico o espiritual, o si prefiere entregarse por completo al logro estrictamente formal o filosófico, o si se aísla para escribir las cosas más íntimas y absurdas, yo no le encuentro ningún inconveniente, todo sea por la libertad del arte y del mismo ser humano. Sólo le pido que, sea lo que haga, que lo haga bien, y que lo haga cada vez mejor. Ese es su compromiso primordial. TS: ¿Existe algo como una "nueva narrativa" latinoamericana? MV: Creo que se está forjando. Entre mis colegas y críticos literarios más o menos conocidos, percibo cierta crisis de identidad que nos obliga a buscar más hondo en los recursos y los retos que nos ha dejado el siglo pasado. Muchos buscan establecer una referencia de contemporaneidad, salir con algo nuevo, sea globalizarse, reivindicarse, rebelarse, reencontrarse, modernizarse, liberarse o ninguna de las anteriores. Algunos hasta creen haberlo logrado y otros ya son dignos de reconocimiento, pero yo creo que hay que dejar pasar unos diez años para ver el fruto del momento que estamos atravesando. TS: ¿Cuál crees que es tu principal virtud?, ¿y su principal vicio? MV: No sé si me lo creo, pero por lo menos quiero que mi principal virtud sea la disposición y la capacidad para aprender. Escribo sobre las cosas que me asombran y todo lo que me asombra de alguna manera forma parte de mi proceso constante de aprendizaje y olvido, así siento que si dejara de aprender dejaría también de escribir. Mi principal vicio es este que no me deja escribir poesía: esta racionalidad geminiana incurable que no sé cómo le la quito de encima. TS: ¿A qué le temes? MV: A la muerte, a la falta de amor, a la intrascendencia, a llevarme cosas conmigo o a dejarlas y que no sirvan de nada. TS: ¿Hay algo que te escandalice? MV:
La ingenuidad. Me escandaliza la ingenuidad de tanta gente que
vive engañada por el gobierno, por los que critican al gobierno, por
la tele, por el culto, por su jefe, por sus amantes, por sus padres
y sus hijos, por sí mismo, por sus propios sentidos, por algo que
leyeron. Me escandaliza sobre todo mi propia ingenuidad, cada vez
que descubro que yo vivo igualmente Y luego me escandalizan las ganas tan grandes que tengo de vivir, tan ingenuamente, a pesar de lo que sea. Entrevista
realizada por Rigoberto Rodríguez |
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