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Yván Silén
(Transcripción de una conversación sostenida con el
escritor puertoriqueño, residenciado en Nueva York, Yván Silén)
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| Yván
Silén nació en el Puerto Rico muerto en 1944 y
todavía agoniza individual y colectivamente en el exilio
neoyorquino. Ha publicado los siguientes libros de poesía:
Los poemas de Filí-Melé (1976, 1981), El miedo del Pantócrata
(1981)., La poesía como libertá (1992--Premio del Pen Club
de Puerto Rico de 1993--) y Casandra & Yocasta (2001)
que será prontamente (febrero del 2002) presentado en Nueva
York. En narrativa tiene publicadas las siguientes novelas
de lo-Cristo: La biografía (1984), La casa de Ulimar (1988),
Las muñecas de la calle de Cristo (1989) y un libro de cuentos
titulado Los narcisos negros (1997). Como ensayista ha publicado
los siguientes textos: Nietzsche o la dama de las ratas
(1984), La rebelión (1995), y Los ciudadanos de la Morgue
(1997). Actualmente trabaja como profesor adjunto en Medgar
Evers College (CUNY) en la ciudad de Nueva York.
Disponible en línea el poema "Día de Acción de Gracias (Thanksgiving
Day)". |
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El místico
A Elsa...
Místico de ti te falo, te
meso,
te lluvio místico del sueño: tanteo tu seno,
tanteo tu voz, como si fueras otra
oculta, emboscada, precavida.
Porque cuando tú no estás
tu árbol crece de
mi lengua a tu corazón y me afantasmo,
te lleno de pájaros de cristal, te canto, te
cenizo y lluvio: narciso en tus ojos
lo que falta de tu boca.
Anonadado
de sombras, de silencios, nostalgio tu carne
y deliro, de soledad en soledad,
por los espejos. Sólo tus
pasos me redimen:
guardo a la muerte en los espejos y
escondo mi ataúd entre tu risa.
28 de noviembre
de 2001
Nueva York
***
El poeta es el Maestro
Texto Sentido: Dices que naciste en el Puerto Rico
muerto de 1944 y que agonizas individual y colectivamente en el exilio
neoyorkino, ¿por qué no nos comentas esto un poco?
Yván Silén:
Nacer en la colonia es haber nacido en los predios de la muerte. Esta,
como inquilina del "pre-poeta", no se dejó esperar y a la
edad de diez años decidió visitarme radicalmente: mi madre muere en
junio de 1955. Esto, como es obvio, me sacude definitivamente y aunque
no pude ver a la angustia, este personaje de la libertá, ella se ubicó,
en forma definitiva y rebelde, en el "alma" del niño-poeta.
La orfandad se convertiría con el correr del tiempo en exilio y éste
me permitiría ir viendo lo agónico de una nación que prácticamente
vive en la posibilidad de su propia destrucción. Puerto Rico es la
única sociedad latinoamericana que corre el riesgo de desaparecer
definitivamente a manos de la demokracia yanqui. Esto hace que los
puertorriqueños, por más enajenados que estén, agonicen culturalmente
en un seudoestado que paranoia a la mayoría de sus poetas. Uno de
los conflictos que padecemos los puertorriqueños es el saber que la
nación que somos vive desamparada ante el propio Estado (el Estado
Libre Asociado) que la trafica lacayístamente para otro. Pero por
otro lado tuvimos la suerte de producir un hombre como Pedro Albizu
Campos; él salvó a Puerto Rico del desastre y nos proveyó la conciencia
de la puertorriqueñidad y del español que somos.
TS: ¿En qué momento de tu vida tuviste la certeza
de que querías ser escritor?
YS: A los
14 años descubrí no sólo que quería ser poeta, sino que era poeta.
El "querer ser" era ya el movimiento mismo de la crisálida.
Cuando se lo comuniqué a mi padre, que era contable, se burló de mí.
Para un hombre pragmático como él, era inconcebible tener un hijo
poeta. La idea de un hijo "loco" (esta es la idea popular
del poeta) lo perturbaba. La idea de que
alguien sea poeta se mueve en la admiración más absoluta o en la burla
más desesperante. Pero el poeta que yo era ya, el poeta que me tanteaba
como posibilidad, no tenía prisa.
TS: ¿Vives
desde muy joven en los Estados Unidos?, ¿cuáles fueron tus lecturas
iniciáticas?
YS: No,
afortunadamente no. Crecí en Puerto Rico y tuve la suerte de poder
ir a la universidad allá. La primera vez que vine a los Estados Unidos
fue en 1963. Luego regresé nuevamente en 1964, porque deseaba ir a
un seminario evangélico que había en Los Angeles, California. Estuve
allí sólo seis meses y enseguida lo abandoné, porque la atmósfera
espiritual que había en él me
enfermaba. Ningún seminarista tenían vocación religiosa, sino que
veían el ministerio como un trabajo más. Pero la ida al seminario
me permitió ver que mis niveles educativos eran pésimos. Regresé a
Puerto Rico, pero mi regreso fue traumático, porque mi madrastra no
me quería en la casa. Tuve la suerte de que mi tía Marcialita me recogió
inmediatamente y me pagó los estudios universitarios. Comencé a estudiar
en la Universidad Interamericana, porque
había fracasado en el examen de ingreso de la Universidad de Puerto
Rico. Posteriormente fui expulsado de la Universidad Interamericana
por dirigir la huelga universitaria de 1966 en dicha universidad.
Mientras estudiaba mal comencé a leer vertiginosamente: Darío y Unamuno
(que me parecieron en aquél entonces horribles). Sobre todo la sensibilidad
de Darío me resultaba enfermiza, cosa que no pienso ahora, y la poesía
de Unamuno no me decía absolutamente nada, cosa que se ha mantenido
hasta el día de hoy. Afortunadamente me encontré con Julia de Burgos,
Pablo Neruda, César Vallejo, Don Quijote y, sobre todo, Dostoyevski
(Los hermanos Karamasov, El idiota, Crimen y castigo, y Los endemoniados).
Quedé deslumbrado por este último y me precipité a leer escritores
que tuvieran su "misma" sensibilidad: Kafka (El
proceso, La metamorfosis), Kierkegaard (Tratado de la desesperación,
El concepto de la angustia) y Unamuno (Del sentimiento trágico de
la vida y Niebla). Después vendría el cúmulo de escritores que he
leído.
TS: ¿Escribes en inglés y en español indistintamente,
o tienes alguna preferencia?
YS: No,
no escribo en inglés. Escribo exclusivamente en español, porque nunca
he podido sentirme cómodo en inglés sin sentir vergüenza y sin sentir
repugnancia. Quizás esa sea la razón de que nunca me halla preocupado
en traducir mis cosas al inglés, con excepción de los antiensayos
de "El llanto de las ninfómanas" (1981, edición bilingüe)
que tradujo mi esposa. El mercado norteamericano sencillamente no
me interesa. Si mis cuentos, mis poemas y mis
ensayos filosóficos han de llegar allá será indirectamente, no con
mi complicidad. La poesía, la escritura subversiva, como he titulado
a mi último ensayo filosófico, no tiene nada que ver con ese manoseo
de la "fama". Soy famoso, oscuramente famoso, porque Dios
lo ha determinado así y porque hay algo en mi poesía que agrada o
desagrada a "mis" lectores. La presencia de la
cicuta, de lo abyecto (esa belleza de lo raro), los aterra.
TS: Por el hecho de vivir en los Estados Unidos,
¿sientes que hay alguna influencia de los poetas de habla inglesa
en tu trabajo?
YS: Creo
que, en general, no. Pero para bien o para mal, siempre se cuela
algo: Whitman, Elliot, Tennessee Williams, Allen Ginsberg, etc. Lo
que sí ha influenciado mi literatura es esa visión alucinante que
Nueva York me proveía como seducción veinte años atrás y que ahora
me provee como angustia y como malestar.
TS: ¿Tiene alternativas el poeta a la hora de escribir?,
¿puede la poesía mentir? (Susan Sontag dice: "En casi todos los
casos nuestra manera de expresarnos es nuestra manera de ser. La máscara
es el rostro").
YS: Sí,
el poeta siempre posee las alternativas que es él. Pero este ser-poeta
siempre tiene que ser una sorpresa para uno mismo. Uno vive a la merced
del asalto, porque Dios vigila y te tañe oscuramente desde lo real,
desde el mundo, desde esa gama política de posibilidades que es el
inconsciente. El poeta, el verdadero poeta, siempre está de frente
al misterio del mundo en donde él se halla enmarcado libertariamente.
YS: No, la poesía no puede mentir; quienes mienten
oportunistamente son los poetas, porque se pervierten, se convierten
en la mercancía burguesa del ser; porque se degeneran y se transforman
en esos sujetos que sólo viven para ser "cazadores de fama".
Que viven en la corrupción de la demokracia como "felicidad".
Por eso mismo el sistema forja y desea escritores nihilistas. Escritores
que no crean en nada ni en nadie. Escritores, poetas y filósofos
que crean en la ficción de ellos mismos. Escritores que ficcionalicen
la realidad y la escritura.
TS: Neruda hablaba de una poesía sin pureza, una poesía "con
olor a orine", ¿qué piensas al respecto?
YS: Sobre
lo que me preguntas de Neruda, te diré que no hay recetas. Un maestro,
un poeta viejo puede aconsejar a un poeta joven, pero el destino de
ser es suyo. El problema es que los poetas jóvenes (no todos, claro
está) tratan de aprovecharse de la situación política del Maestro
(de la censura de éste, del exilio, de su vocabulario, etc.) y lo
plagian. Esto es desastroso. Enfrentarse a esto es como enfrentarse
a la locura o al infierno. Por eso creo que cada poeta tiene que ir
descubriendo solo su propia "pureza" y su propio "feísmo".
Mientras más solo esté mejor. Esto no quiere decir que se despolitice,
pero debe tener mucho cuidado de cómo asume lo político, porque los
demagogos demokráticos son los "representantes" de la muerte.
Lo
importante, entonces, es forjar la escritura subversiva de uno, independientemente
de lo que esa escritura se convierta. Personalmente creo y siento
que la poética debe ser dura y hermosa, fuerte y delicada. Este equilibrio
es de suma importancia. Pero así como el equilibrio es importante,
así también lo debe ser el ritmo y la música. Ese ritmo y esa música
serán la
manera en que tu "contenido", tu propia vida, se convertirá
en forma.
YS: La
disciplina proviene de la fiesta misma del lenguaje. La disciplina
proviene de la celebración del orgasmo poético. Fiesta, celebración
y lenguaje irrumpen del reconocimiento de ser en uno mismo. Esta experiencia
nos permitirá la siguiente exclamación: ¡el ser soy yo! ¡El español
soy yo! O dicho de otra manera: yo soy, individualmente, el ser que
vive colectivamente. O más radical aún: ¡yo soy el español que escribo!
En este sentido la aliteración es más rica que la rima y la anáfora.
La aliteración es la verdadera música. Esta distancia que va de la
aliteración a la rima es la misma que existe entre la metáfora y el
símil. La aliteración es la música secreta del ritmo. La música, la
aliteración y el ritmo son las formas
poéticas de entonar el ser. El poeta, en lo más profundo de su "esquizofrenia",
no piensa el ser, sino que lo es: lo canta. El canto es, pues, el
pensar más profundo. Esta experiencia con el ser de la poesía y con
la poesía del ser es lo que fuerza a ser filósofo. De esta experiencia
radical con el mundo, consigo mismo, nacerá el poeta-filósofo. Teoriza,
pues, sobre lo más remoto de sí, sobre lo más próximo de sí y sobre
el acontecer mismo del mundo. Filosofa, de lo particular a lo general,
sobre la tragedia hermosa de ser hombre.
TS: Tu trabajo se extiende a todos los géneros (poesía,
narrativa, ensayo), pero, ¿podemos decir que hay una predilección
especial por la poesía?
YS: No,
no hay una predilección especial por la poesía. Lo que sí hay es una
predilección específica por el poeta. El poeta es el Maestro del cuentista,
del filósofo, del pintor, del crítico, del ensayista, del político
y del religioso, porque él es el que brega directamente con "Dios".
En este sentido es el médium de Dios y yo soy médium de él. A la hora
de escribir, él se
"suspende" y yo me "congelo". Todos los vasos
comunicantes entran en estados de ósmosis. El es el que recibe los
faxes urgentes de Dios. El determina, entonces, desde la urgencia
de la libertá, desde la urgencia de la angustia, las formas de expresarse.
O dicho de otra manera: él determina, porque él es la determinación
misma. La poesía es la experiencia de lo que llega en forma de cuento,
de poema, de filosofía, etc. Buscarla es inútil. Ella es la Gracia
misma. Ella es también el arte, la habilidad de organizar lo que llega
como lenguaje. Esta lucha con el lenguaje que uno es, y que se enriquece
de poema a poema, será la mejor forma de bloquear el plagio. Esta
lucha y este enriquecimiento nos pondrán de frente al "spanglish",
porque éste es la pornografía del español.
En 1977, a la luz de una
crisis espiritual que tuve, tomé la decisión de hacerme cómplice del
poeta de forma incondicional. El plan del poeta era éste: había que
crear una solidaridad insólita con todas las regiones políticas del
inconsciente. La independencia de Puerto Rico y la lucha contra la
demokracia invasora, no estaban en contradicción con esto. El poeta
está enmarcado en la poesía del ser y en el ser de la poesía del que
todos participamos "esquizamente". Quizás por esto mismo
puedas imaginar el porqué tengo en este momento catorce libros de
poesía inéditos. Pero la censura es frágil, porque Dios la ha usado
para fortalecerme y para prepararme como uno de los poetas insólitos
del porvenir. Esto ya lo sé, porque el poeta lo sabe. Pero no me preguntes
cómo él lo sabe. Hay secretos y hay secretos. El misterio (del ser)
se nutre de ellos. Esto nos hace desembocar a una de las verdades
radicales de la poesía: ¡El poeta es siempre una esquizofrenia de
la libertá! Es una alucinación real de sí misma.
TS: ¿Es acaso más fácil para un escritor publicar
en los Estados Unidos?
YS: Depende
del escritor que sea. Para un escritor como yo, que ha renunciado
a la "mímesis", a la sociología, al realismo (socialista
y burgués), a los panfletos, al realismo mágico, etc., es sumamente
difícil escribir. Pero esto no sólo sucede aquí, en Nueva York, sino
que sucede en Puerto Rico, en Perú, en España. Publicas si tienes
secretarios kafkeanos que te permitan llegar oscura y mafiosamente
al Kastillo demokrático. Lo que sucede es que la mayoría de los editores
no saben absolutamente nada de literatura, menos aún de poesía (o
de filosofía). Por otro lado están los-"poetas"-policías
(que Nietzsche despreció acertadamente) que solo buscan censurarte,
despojarte y desaparecerte de la realidad. Ellos son el poder, aunque
no lo sepan. Ellos son los que gozan del poder y te reconocen enseguida
como el enemigo.
TS: Háblanos
un poco acerca de las cosas en las que trabajas últimamente, sobre
todo del cuento "La muerte de mamá"; y de ese libro titulado
"La muerte de la filosofía".
YS: El
cuento "La muerte de mamá" es un cuento largo, violento
y lírico. Como podrás imaginar, ya lo han detenido demokráticamente
en algunos sitios. La gente no puede bregar con él, porque la mayoría
de ellos lo encuentran "excesivo". Aún así hay ya cuatro
ensayos escritos sobre este cuento y aún no lo he podido publicar.
Uno de los ensayos fue escrito por un poeta (Córdoba Iturregi), otro
por un pintor (Elizam Escobar), otro por un filósofo (Francisco José
Ramos) y el último por Carlos Resto Solo. El cuento trata de la muerte
de mi tía-madre (1998), pero está relacionado también como el libro
de poesía "Casandra & Yocasta" (2001) y con la muerte
de mi madre (1955).
"La muerte de la filosofía"
posee once ensayos: "El mal de la transparencia", "La
sociedad opaca", "El Manifiesto de ser", "Manifiesto
para la filosofía", "De la muerte de Dios", "La
filosofía y los hechos inimaginables", "El amante de Margarita
Duras", "Kafka y la literatura menor", "Margarita
Duras", "Artaud" y "Smerdiákov o el deicidio de
un idiota". Este pequeño libro de
filosofía, o de la escritura subversiva, pretende ser no sólo una
crítica al nietzscheanismo, sino también una crítica al nihilismo,
a la ficción filosófica, a la postmodernidad, a la globalización capitalista,
a la demokracia liberal, al arte pop y a la idiotización del hombre
demokrático.
TS: ¿Tu
trabajo en Nueva York está relacionado con la escritura?
YS: No,
en Nueva York trabajo como profesor adjunto en la universidad de Medgar
Evers (C.U.N.Y.)
TS: ¿Cuál piensas que es el estado de la actual literatura
latinoamericana? (nos interesa tu punto de vista como latino residenciado
en los Estados Unidos)
YS: La
literatura latinoamericana vive prácticamente atrapada en su propio
consumismo. Se escribe para ser vendido y se crea para ser comprado.
Esta mercantilización burguesa de la literatura no ha hecho otra cosa
que extraviarla en una "fama" vertiginosa. Su "éxito"
precario se parece al éxito de los roqueros norteamericanos. Esta
es la literatura "light" que el mercado
paternalista norteamericano trafica para la enajenación. Esta literatura
acontece como literatura sociológica, como la literatura "detectivesca"
del mercado, como el neorealismo mágico de los repetidores, como el
feminismo enajenado de la política, como el barroquismo de los poetas
del silencio, y como la folklorización misma de la escritura. Conjuntamente
a este panorama
patético de la literatura de la "globalización", se intenta
pasar como literatura real a los escritos ideológicos del periodista
Jorge Ramos de la cadena Univisión. Esto, sumado al control mediocre
que ejercen los periodistas del exilio cubano en Estados Unidos (Miami,
Nueva York, Chicago, etc.), hunde a la literatura latinoamericana
en un simulacro de su propio acontecer. Paralelo a esto irrumpen precariamente
los poetas y escritores que poseen voz propia. No negamos que éstos
estén ahí, pero su timidez política, su miedo a la soledad y al anonimato,
su "preciosismo" y su "esteticismo", su complejo
de genialidad es tan frágil, tan amanerado, que sus voces se extravían
en un coro de zombis que se miran en el espejo de los valores
norteamericanos. Esta situación es obviamente desesperante, ya que
el imperialismo norteamericano se ha propuesto convertir a todos los
países latinoamericanos en "islas culturales". Estas islas
no son otra cosa que el desconocimiento de los poetas y los escritores
de cada país. Fuera de los escritores del "Boom", en donde
nos hemos inmovilizado, nadie sabe nada de lo que está sucediendo
en Perú, en Nicaragua, en Haití, en Puerto Rico, en
Brasil, en Nueva York, etc. Padecemos en relación a nosotros el mismo
desconocimiento que padece España con relación a Latinoamérica. Las
"oligarquías demokráticas" y Estados Unidos se nutren de
esto. Estados Unidos no es, pues, la Meca de la literatura, sino el
olvido y la enajenación de ella. La demokracia, en la precariedad
económica de las editoriales, pretende
crear la cultura misma del olvido. Por eso la labor del Festival de
la Poesía Internacional de Medellín (Colombia) no sólo es impresionante,
sino revolucionario.
***
Vi ego a Dios
A los poetas del espanto,
y a los amigos de l'angustia.
En la santidad de mamá la
muerte babea, y
lejos, remotamente lejos, los poetas
también babean en las cráteras
como esas madres hermosas que aterran los espejos.
La vi arrugarse como lesbia,
la vi
podrirse, como esos idiotas líricos
en las peñas poéticas d'excrementos, rodeados de
rosas marchitas, de blancos conceptos, como si
fueran ciertos, o como si
ciertos los poetas
recitaran estultos, o tontos evacuaran
en el cáliz de cartón, o en las cráteras
de latas, o en los patios
vacíos
de las sombras do cae la lluvia ajena,
en los corredores de las hermosas sifilíticas.
*****
Los vi escarbar, pintarse
las uñas, y
tornarse grises, como madres lesbias que juegan
y fingen y se visten de maricas en
los ambitus del templo. Y sueñan y gulan,
eucaristían en una tarde
gris de
luna semen: un eclipse de sol frente a las playas
oscuras, do miles de gaviotas, como copas
rotas, como niñas rotas, como madres
que han comenzado a podrirse
en los espejos.
Los vi vomitar el prepucio de Dios, las muñecas de
Dios, los clavos, las astillas. Los vi sansebastiarse, los
vi befar, como madres que
babean oscuras,
siniestras, supurando el Viernes Santo d'esasotras que
cantan oscuras...en los corredores infestadas.
*****
Era el infierno, la muerte,
la noche
agria de los poetas necrofílicos
en las guaguas amarillas de Dios
sobre los puentes de Manhattan. Se suicidaron,
se revolcaban, s'enterraron
lápices
por el falo, peces por el falo, agujas por el
falo, hostias, grapas, botones, muertos por el falo,
a la hora cierta en que la bombatómica
estallaba en las vulvas
de las niñas, o
en el culo d'esas madres indómitas
que venden niños, y matan niños y cuecen niños
debajo de los puentes, encima
de los ríos,
encima de la lluvia, o debajo de las aguas
de los puentes encendidos de Manhattan.
*****
La muerte está babeando
en el día del espanto
y salió conmigo y soñó conmigo (¡zape!,
orgasma), rosas blancas, risas rancias,
muertos candes empolvados como niñas viejas.
Caducas madres por los besos
deshojados de la muerte.
Vi Ego a los poetas, los toqué, los escupí para que
despertaran y miraran y oyeran y vieran el
caballo mío bermejo del asco y de las sombras.
Pero los poetas se reían,
se reían,
como madres desleales con la muerte,
madres calvas en las tapias del Hades
clavadas, camafeadas con
tachuelas, con vidrios,
con rosas. Y llamé ego, advertí, advertí
(Manuel, Arzola, Néstor, el Che, Paoli)
en medio de la voz ninguno,
en medio de Dios
ausentes, faxean, telegraman, poesían,
pero sólo oyeron a los peces de l'angustia y
levantaron el grito en medio
del espejo, y
nadie oyó a Dios a mitad de la lengua, porque
los poetas se reían, se reían
y la muerte en la mampara
del horno los cremaba
y los horneaba con la mano del jinete a la
hora del sueño en las puertas de San Juan,
entre la realidad y el vacío,
el jinete
los soñaba, entre la verdad y lo falso y
vi Ego a Dios vestido de Buzo
orinando contra los poetas rosas y los mercaderes amarillos,
contra todo valor y contra toda mentira,
contra la lluvia y la muerte,
contra el silencio
¡Vi ego a Dios...
atravesado de navajas!
8 de noviembre
del 2001
Nueva York
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