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Ednodio Quintero
Texto sentido: ¿Podemos hablar de una "evolución" en el trabajo de Ednodio Quintero, un proceso que comienza con el mini-cuento, pasa por el cuento, para terminar en la novela? ¿Es el mini-cuento un género de la juventud y la novela uno de la madurez? Ednodio Quintero: Realmente, ya estoy fastidiado con eso del mini-cuento. De hecho, en un coloquio realizado hace poco en Mexico lo dije. Eso fue algo casual. Yo llegué a la literatura como lector, un lector voraz, lector de comics, de largas novelas, de cualquier cosa que pasara por mis manos. Un devorador de libros. Luego escribí una novela, siendo muy joven, algo que fue más bien como un desafío a mí mismo, un ejercicio para ver si era capaz de mantener un hilo narrativo por varias páginas, por supuesto algo ilegible en la actualidad. Escribí después unos cuentos largos. Y luego me di a conocer con los cuentos breves; eso fue por los años setenta, cuando fueron publicados por Luis Alberto Crespo en el Papel Literario. Esos cuentos me crearon una fama, que yo diría es una mala fama, porque se habla de mí como "un escritor de cuentos breves". T.S.: Pero, ¿no fueron esos cuentos breves, como usted los llama, los que le dieron ese empuje que necesitaba como escritor, esa experiencia? E.Q.: Yo en realidad no quiero hablar mal de mí mismo. Lo que no me gusta son las casillas: "El escritor de cuentos-breves Ednodio Quintero". Tienen treinta años hablando de lo mismo. T.S.: ¿No será que, por ser tan buenos, los mini-cuentos son difíciles de olvidar? Eso de lograr un efecto tan contundente con tan pocas líneas y que pocos escritores logran. E.Q.: Bueno, existen también: el Hai-Ku, los videos de treinta segundos en publicidad, y yo en realidad no tengo nada contra eso, lo que digo es que hay otras cosas de que hablar. T.S.: En el prólogo del libro "El Combate" el propio Ednodio Quintero dice: "A los cuarenta años comencé a vivir". ¿Qué pasó a los cuarenta años? E.Q.: No me acuerdo. Ese texto afortunado fue puesto allí por el editor, sin consultarme. Él quería escribir un prólogo, pero conoció ese texto y pensó que serviría perfectamente como presentación, así que sólo lo colocó ahí. Ese es un texto casual que escribí para una bienal de narrativa en Mérida a manera de biografía literaria y... realmente sí me acuerdo de lo que me pasó a los cuarenta años, pero no quiero hablar de ello ahora. T.S.: Cuando usted se sienta a escribir un mini-cuento... perdón, un cuento, ¿conoce de antemano cuál será el desenlace, o eso viene a medida que lo escribe? E.Q.: Yo sigo escribiendo cuentos, y no me preocupo mucho por la extensión, lo que sucede es que ahora me muevo en todos los formatos. Puedo escribir un cuento, de esos que tanto les gustan a ustedes, de cuatro o cinco líneas, o una novela como "La danza del jaguar" que tiene trescientas quince páginas, eso para mí no tiene importancia. Pero hay ciertos formatos que sí me gustan mucho, como la noveleta, que son cuentos largos, pero no cuentos en el sentido de Poe, con un final espectacular, sino más bien como relatos y que no llegan a ser una novela, de unas treinta o cuarenta páginas, de los cuales me encuentro escribiendo uno ahora que se va a llamar "Lazos de sangre", donde se desarrollan temas como: el incesto, la necrofilia, los celos, la traición y cosas así, temas muy contemporáneos y muy clásicos, y me gusta el formato porque es algo que se puede resolver en tres o cuatro días o una semana. Puede ser que me esté dando vueltas en la cabeza por años, pero al momento de escribirlo lo puedo resolver rápidamente. A mí me a pasado una cosa muy curiosa con la escritura: antes sufría mucho para escribir, me costaba mucho, tenía dificultades, quizá porque era muy exigente conmigo mismo, quería llegar a escribir el texto perfecto, revisaba mucho, cada palabra. Ahora no, ahora todo eso fluye, ahora puedo escribir diez o doce páginas en una sesión, de una sentada, ocho horas o algo así, entonces puedo resolver una novela corta en una semana. Claro, después eso tiene un proceso de revisión, pero, lo que sería la estructura, que es como un molde que sale del cerebro, ya está lista, lo que queda es un trabajo de carpintería, de ajuste. Yo casi ya no hago cambios a lo que sería el primer borrador, la primera versión, que se convierte casi en el texto definitivo, y eso es una suerte porque entonces uno goza escribiendo en lugar de sufrir. T.S.: ¿De qué se alimenta la escritura de Ednodio Quintero? E.Q.: ¿De qué se alimenta un novelista, un escritor?... ¡de todo! |
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