Israel Centeno: una criatura de la noche

Israel Centeno (1958). Narrador y promotor editorial. Ha publicado: Calletania (1991), El rabo del diablo y otros cuentos (1993), Hilo de cometa y otras iniciaciones (1997), Exilio en Bowery (1998) y acaba de publicar el libro Criaturas de la noche (Alfaguara, 2001). Ha obtenido, entre otros, los siguientes reconocimientos: Mención Premio Municipal de Narrativa 1992, Premio CONAC de Narrativa 1993, Premio Bienal de Guayana Lucila Palacios 1996. Es director de la editorial Memorias de Altagracia.

El escritor venezolano Israel Centeno presentó su libro Criaturas de la noche, publicado por Alfaguara, el jueves 15 de Febrero de 2001 en la Librería Macondo.

El grupo Texto Sentido lo entrevistó para su programa semanal:

Texto Sentido: Una persona que escribe un libro como Criaturas de la noche, ¿es alguien que puede dormir tranquilo, sin sobresaltos?

Israel Centeno: Creo que a mi ya no me asusta Drácula, ni aquellas figuras que me asustaron cuando era pequeño. Ahora me asustan otras cosas; las cosas reales: los rumores, la vida misma. En este libro busqué recrearme y disfrutar de todos aquellos registros que nos legó la literatura gótica, que nos legaron los románticos, y trasmitirlos para que la gente los disfrute más que para producir miedo o que sientan algún tipo de emoción, como el horror. Ubicar estas criaturas en Caracas da sentido de pertenencia, y estos personajes calzan perfectamente en este entorno, pues el Ávila da para todo. Tiene castillos, fosquedades, laberintos, cuevas, la gente se pierde, hay historias de fantasmas. La misma carretera de La Guaria ha dado más de un cuento de desaparecidos y aparecidos. Además, traer aquellos arquetipos, que son arquetipos ya manejados, como el vampiro que es universal o la historia de el doble, que se encuentra en el cuento La casa, es algo ya muy manido en la literatura universal. La apuesta es segura. Yo no creo que la literatura venezolana deba excluir estos arquetipos por el hecho de querer hacer algo muy venezolano. Yo considero que Drácula es tan venezolano como rumano y puede merodear en los Cárpatos igual que en el Ávila. De esto se trata la globalización.

T.S. ¿De dónde sale la idea de este libro? ¿Cómo se te ocurre?

I.C. Yo venía de escribir el Exilio en Bowery, donde ya había trabajado la figura de Lovecraft, y había trabajado sus arquetipos. Siempre me ha gustado la literatura gótica, he sido lector a través del tiempo de Stocker y de Lovecraft, y me pregunté por qué no podía hacer algo con esto, y decidí traerme a las criaturas para este escenario tan propicio como es el Ávila. Y en este espacio geográfico, se cuenta, hay una oralidad. Uno visita Galipán y se encuentra gente que cuenta historias de aparecidos. Kanoche es un embalsamador que posee todos los elementos con los cuales tu puedes jugar y darle esa connotación, tal vez no de terror, pero si de algo ajeno a ti, y que te causa cierto estupor. Y así fueron saliendo los cuentos en los que no deja de estar presente aquello que yo he trabajado a lo largo de toda mi obra, que se ha paseado desde el cuento muy urbano, relacionado a las barriadas caraqueñas, hasta la noche en Bengala, lo cual busca darle un carácter universal a Caracas, nombrándola no como los costumbristas, pero si integrando a esa Caracas con los arquetipos universales.

T.S. El personaje de la perra amarilla dentro de tu libro Criaturas de la noche es recurrente, aparece en todos los cuentos, ¿Acaso este personaje te persigue o será que tu exorcizas a alguna persona con este arquetipo?

I.C. Este es un guiño al lector. La intención es paródica, en cierta medida, hacia el feminismo. Esa mujer que orina parada, que quiere estar a la vanguardia y alcanzar la cima primero, y que termina por convertirse en perra amarilla. Yo escribo las Criaturas, y es como una novela pequeña, pues a pesar de ser cuentos, hay una atmósfera común en todos ellos, y a pesar de ser historias diferente, al leerlas como libro, te dan la sensación de completitud, de encadenamiento. Ahora bien, por qué la perra amarilla, éste es uno de los homenajes que hago en mi libro, éste en especial está dedicado a Donoso, quien en su historia El obsceno pájaro de la noche coloca una perra amarilla que enloquece a los Ascoitías, es una bruja que se convierte en una perra amarilla y verrugosa. Es una lectura parcial del libro de Donoso, al igual que los epígrafes, dedicados en su totalidad a Ramos Sucre.

T.S. ¿Qué le debes tú a Ramos Sucre?

I.C. Yo empecé leyendo a Ramos Sucre creyendo que iba a leer a un poeta y me encontré con un gran cuentista, que hacía relatos muy cortos y perfectos. Yo, para mi libro, tomo elementos de su obra y estructuro algunos cuentos partiendo de una dinámica cercana a Poe. A mi me seduce Ramos Sucre porque es un hombre de un verbo impecable, exquisito. Él y su obra son exquisitas, y te causan un profundo miedo y temor, te mueven. Y ese carácter universal, a veces árido, de su personalidad, lo convierten en nuestro Baudelaire.

T.S. Desde Calletania la crítica te ha alabado mucho, esto debe generar un mayor compromiso y exigir de ti un esfuerzo enorme al escribir. ¿Hace esto que tu escritura sea un proceso cuesta arriba? ¿O es la escritura algo placentero?

I.C. No, no disfruto escribiendo. El reto siempre me lo he planteado yo mismo, no la crítica. Yo nunca quedo satisfecho con mis trabajos. Cada uno de ellos es un riesgo, bien sea en el lenguaje o en la historia, el riesgo me mantiene al límite, me hace segregar mucha adrenalina. Nunca tienes la certeza de haber logrado aquello que te propusiste. Pero, para mi, si no hay riesgo no hay escritura. Cada novela tiene su espacio, una puede ser superior a otra en cuanto a que se definió mejor, o se estructuró mejor, pero cada una tiene su espacio. Mi planteamiento es que yo debo seguir siempre escribiendo, fiel a mis principios, debo ser honesto en mi escritura, considerando que mi escritura es una escritura de riesgo.

Entrevista transcrita por Nines Pérez Luna

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